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Edición de dos cuentos protagonizados por un niño
que responde al nombre de Xan Guindán. En el primero, los padres de
Xan fueron a la tienda, por lo que quedó él a cargo de la casa en
compañía de la perra Raspita. Ha de tener cuidado de que la
gallina no deje de chocar los huevos, las cabras no vayan a la huerta de la
vecina a comerle las patatas y de no entrar en la bodega. Se sintió como
un capitán de las películas dando órdenes. Pero no
resistió la tentación de curiosear en la bodega. Ni de comer un
trozo de tocino, que le dio sed, por lo que le sacó el tapón al
tonel de vino para llenar una taza. Entonces el vino empezó a salir como
una fuente. Como perdió el corcho, puso el rabo de la perra tapando el
agujero. Y fue junto a la vecina, que chillaba que las cabras le habían
entrado en la huerta. En el segundo relato, acude a recoger las cabras, mas
también lo segue Raspita, por lo que cuando vuelve a la bodega
está inundada como un lago. Desmigó las piezas de pan, intentando
empapar el vino, y les ordenó a las gallinas y el gallo que comiesen las
papas de pan con vino. Fueron, incluida la que estaba chocando, pero se
emborracharon. En ese momento, llegaron los padres, que lo descubrieron con los
pantalones bajados sentado encima de los huevos, intentando que no perdieran el
calor y los pollitos. Como también lo vio la vecina, desde entonces todo
los vecinos supieron que Xan Guindán había pasado de ser un gran
capitán a una gallina choca. Como en los otros volúmenes de la
colección, la ilustración ocupa la mayor parte de la
página. Las páginas centrales contienen un juego visual: un
dibujo de la casa para completar y colorear. La edición se
acompaña con una casete que contiene el texto leído polo
autor. |