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Ana Carreira: O vixilante dos soños
Ilustraciones de Noemí López
. Col. Árbore. Ed. Galaxia. Vigo, 2006

O vixilante dos soņos

Desde bebé Sonólicus dormía pegado a la ventana con las cortinas abiertas para poder mirar la Luna. Así no tenía miedo. Cuando volvía de la escuela, jugaba a pisar los charcos del camino, pero sólo los que la Luna dejaba sin reflejo, no fuera lastimarla. A veces jugaban al escondite: ella desaparecía, reaparecía pequeñita con forma de uña recién cortada y luego crecía hasta que se ponía redonda y brillante. Él rompía los espejos de la casa, los colocaba para que la Luna se reflejara en ellos y los guardaba en su caja secreta de los tesoros. En el jardín, estiraba mucho los brazos hacia ella hasta que se quedaba dormido. Comenzó a estar más despierto en las noches que en los días. Quería llegar a la Luna para saber si era dura o blanda o caliente o suave...
Un día empezaron a crecerle los brazos. Subía a todas las alturas para llegar más arriba: al tejado, a las cajas más grandes, a las escaleras más largas y a los árboles más altos. Incluso intentó hipnotizar a un pájaro para que lo transportara. En sueños unía todas las torres del mundo y viajaba en nubes de algodón dulce para apagar el hambre en el viaje hacia el oscuro cielo. Pero despertaba y sus brazos seguían creciendo, aunque nunca lo suficiente para llegar a la Luna. Con el tiempo, paseaba de noche por donde no hubiera gente que se pudiera reír del chico solitario que arrastraba los brazos polos caminos. En uno de estos paseos, la descubrió sonríente descansando en una montaña: subió junto a ella, la abrazó, y se durmió. Cuando despertó, había crecido hasta convertirse en un gigante, el gigante amigo de Luna. Pasaba las noches encaramado en las más altas cumbres, mirando las estrellas y observando lo que pasaba en el mundo con su mejor amiga.
Desde allí vieron a niños que no podían dormir porque un fantasma se le metía por los ojos, y los visitaban pesadillas en forma de vampiros, de suspensos en la escuela o ruidos nocturnos que intentaban meterse por las orejas. Entonces, Sonólicus con un rayo de la amiga Luna dibujó sonrisas fluorescentes en las pesadillas. Así, los niños perdían el miedo y volvían a dormir, pues nadie se asusta de una silueta negra si le resplandece la sonrisa. De este modo, Sonólicus se convirtió, para siempre jamás, en el gigante vigilante de los sueños. Para que todos los niños y niñas puedan dormir tranquilos.
Edición en formato álbum con ilustraciones a toda página en color.

32 p. - 19x16 cm.                                                    ISBN    978-84-8288-956-7

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RECENSIONES

  .  fadamorgana


O vixilante dos soņos . Ana Carreira: O vixilante dos soños
Ilustraciones de Noemí López


Col. No país dos contos, 13
Ed. El País / Ed. Galaxia. Madrid, 2007


Reedición en otra colección


28 p -18x20 cm ISBN  84-9815-795-1/978-84-8288-992-4



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