| Xabier
López López: A vella quenlla perde os
dentes Ilustraciones de Manuel Uhía Col. Os meus contos favoritos. Tren Azul Edebé-Rodeira. A Coruña, 2005 |
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En lo más hondo del mar vivía un tiburón blanco, gordo
como una ballena, que era tan viejo que ya no recordaba su edad. Como era muy
despistado, una noche le dio tal mordisco a una piedra, confundiéndola
con una sabrosa magdalena, que se le cayeron los dientes. Y un tiburón
desdentado es como un coche sin ruedas, como un niño sin juguetes.
Cuando la vio en ese estado el presumido róbalo, se rió de su
amenaza de comerlo y se lo contó a los otros peces. La sardina fue a
comprobarlo, desconfiada; el centollo le aconsejó que comiese papas de
alga con una cuchara... Todos los peces del mar, conocedores del secreto del
viejo tiburón, pasaban a su lado sin miedo e incluso le hacían la
burla. Y el, antes tan gordo, comenzó a adelgazar hasta que las espinas
le quedaron marcadas en su piel: como llevaba meses sin comer, parecía
un pez. Por consejo del centollo, acudió al pulpo cabezón, el
mecánico del mar, que trabajaba más rápido que nadie con
sus ocho brazos, cogiendo en cada uno una herramienta. Le preparó una
dentadura postiza con hierros de unos barcos que habían naufragado que
le encajaron en la boca perfectamente. Entonces fue a esperar al apetitoso
róbalo que tanto se burlaba de él y ¡zas! lo
engulló. Los demás peces, al ver lo sucedido, huyeron
asustados. |
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