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Paco Martín: O vagón que perdeu o tren / O xardín
Ilustraciones de Manolo Uhía

Col. Vouche contar un conto
Edicións Xerais. Vigo, 1991

O vagón que perdeu o tren

Edición de dos cuentos de Paco Martín en torno al mundo de los mayores.
El primero presenta a un vagón de ferrocarril que despertó en una estación desconocida, solo, en una vía muerta. Era de primera clase, nunca había ido en la cola del tren. Quizás lo dejaron allí para llevarlo a los talleres. La noche anterior el tren se había detenido un montón de tiempo en una pequeña estación y él se había quedado dormido por cansancio. Pasó la primavera y el verano. Allí seguía. El óxido y la maleza se extendían por su armazón, corrían los ratones por los asientos y un niño había roto a pedradas los cristales de dos ventanillas. Con el otoño, llegó la tristeza. Una noche, un hombre mayor, tan pobre que no tenía sitio en donde guarecerse, durmió en él huyendo del rigor del invierno y se despertó contento: había pasado la noche soñando viajes. Hizo de él su residencia nocturna. Y soñaban los dos: el vagón, que era nuevo y brillante; el vagabundo, que conocía a una dama hermosa, se enamoraba, y viajaban juntos a la ópera a Viena o al ballet a Moscú. Acabando el invierno, el hombre no volvió a despertar. Entonces un funcionario de la compañía ferroviaria dijo que había que deshacerse del vagón, que era sólo un amasijo de hierros inútil. "E iso era o que o vagón quería para poder seguir compartindo os soños co seu amigo dos últimos tempos".
"O xardín" hermoso de una pequeña ciudad costera era frecuentado por marineros jubilados, señoras que iban a calcetar, niños... y una anciana de enormes ojos claros y eterna sonrisa amable que nunca hablaba con nadie. Para los niños, era como los árboles, como si siempre hubiera estado allí. La gente empezó a decir cosas de ella: que estaba también toda la noche en el jardín, que al amanecer se entendíase con los pajarillos, que no comía ni dormía... Para unos era una pobre loca escapada del sanatorio; según otros, una bruja que pretendía hechizar a todos los niños; para la madre de Ramirito, una señora llena de collares, también era algo culpable de que su hijo hubiese suspendido cinco en el colegio, además de que los profes le tuviesen manía. Los padres y madres les prohibieron a sus hijos que jugasen en el jardín. Hubo protestas incluso por escrito contra su presencia. Entonces, el señor alcalde decidió intervenir en el asunto. Con el bastón de mando y rodeado de guardias, se dirigió al banco verde en el que ella se sentaba y pronunción un discurso conminándola a abandonar la población antes de ocho horas. De repente, la anciana se marchó. Y en el jardín desaparecieron las flores, los pájaros y la hierba verde; los marineros jubilados y las señoras de la calceta sintieron tristeza y los niños empezaron a llorar. Sólo un hombre gordo, el padre de Ramirito, se alegró: así podría construír allí una fábrica de flores de plástico para los entierros y ganar un montón de dinero.
Como en los otros volúmenes de la colección, la ilustración ocupa la mayor parte de la página. Las páginas centrales contienen un juego visual. La edición se acompaña con una cinta de cassette que contiene el texto leído por el autor.

20 p. - 21x28 cm.                                                                ISBN    84-7507-594-0



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