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Por aquel tiempo en que los lobos hablaban, Lupus se
acercó a un hombre para pedirle consejo pues quería ser un lobo
feliz y no seguir robando a escondidas. Y le contó el porqué de
su cambio: Cuando, hambriento, buscaba comida, encontró en un prado a
una yegua con su potrillo; como ella le pidió que antes de comerla le
ayudase a devolverle las herraduras al amo, tratando de arrancarle la de la
pata izquierda recibió una coz fortísima que lo dejó
tirado con el dolor, momento que aprovecharon para huir madre e hijo.
Más adelante se hallaban dos carneros, que le pidieron que antes de
comerlos les ayudase a medir el hierbal en el que pacían, quedando
él en el centro y ellos en los extremos, desde donde se arrojaron contra
el lobo, que quedó malherido y aullando; entonces aprovecharon los
cornudos para refugiarse en su establo. Vio a continuación una cerda con
sus cuatro lechones; a sugerencia de ella, fueron hasta el río para
asearla y evitar una enfermedad que pudiese causarle la muerte al comerla, y
cuando le estaba cogiendo agua de un golpe lo arrojó al río;
entonces, madre e hijos se libraron del lobo. Ante tales fracasos, el lobo
había decidido cambiar de vida, buscando un modo más
pacífico de conseguir el sustento. El hombre se ofreció a
mantenerlo a cambio de que lo avisase cuando algún animal de
rapiña se acercase a su ganado con malas intenciones. El lobo
aceptó. Y desde entonces ficou entre ambos unha grande
amizade. Adaptación de un cuento tradicional gallego en formato de
álbum con ilustraciones en color. |