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En el reino de
Antesdeanteyer vivía la princesa Titiritesa. Lo más le gustaba
era comer terrones de azúcar y refocilarse en los charcos, cosa que
hacía rabiar a su madre, la reina Mandolina, que soñaba con verla
casada. Ella soñaba con explorar el mundo en un caballo azul. Y su padre
no soñaba nada: roncaba tumbado boca arriba. Un día que su madre
anunció que iba a tener una institutriz que le enseñaría
maneras de princesa, ella huyó de casa. En el camino encontró un
burro sin nombre. Como ella le regaló el nombre de Bufaldino,
aceptó acompañarla. Y llegaron al reino de
Pasadomañana. Su rey, Godofredo, estaba llorando porque el monstruo
Paposiete Dumbocado había raptado a su hija Wendolina. Fue a su rescate
la princesa con el burro y convenció al monstruo de que se hiciera
vegetariano y liberara a la princesa a cambio de aprender a tocar la flauta y
un jersey nuevo. E incluso los acompañó hasta el reino de
Pasadomañana. En el camino, las dos jóvenes sintieron un
airecillo juguetón que les hizo cosquillas en el pensamiento. Durmieron
juntas y aquella noche soñaron que volaban a lomos de Bufaldino, que Xan
Dacova, el inventor de palabras, les regalaba la palabra que llama a la risa,
Trukulutrú, y que se besaban una y otra vez en el Sueño
Azul. Cuando llegaron junto a Godofredo, le dijeron que eran novias y se
querían casar. Estando en plena ceremonia de boda, apareció
Mandolina, quien, al saber que su hija se iba a casar con otra mujer,
cayó siete veces sin sentido. Pero cuando la princesa le chilló a
su madre la palabra que llama a la risa, ella empezó a reir. Entonces
todos se quedaron contentos. Y las dos princesas se marcharon a la
búsqueda del Sueño Azul a caballo de Bufaldino. Historia
editada en formato álbum con ilustraciones en color a toda
página. |