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Donde nace el horizonte, al mundo le salió una
montaña en el mar. En ella se alza el pueblo de Suca, en el todas las
persoas y las cosas son desatinadas. El mar construye castillos de arena
con las olas; los tiburones no muerden, ladran. En el bosque, algunos
árboles les cobran alquiler por sus nidos a los pájaros, que
cantan primorosamente porque van al Conservatorio. En la Plaza Mayor, cuadrada
de día y redonda de noche, las palomas traen sus estatuas para posarse y
al llegar la noche el reloj duerme un poco. La escuela es muy divertida: van
los números e incluso el mar fue aprender a hacer olas. El arco iris,
roto por una tormenta, está pegado con cinta adhesiva. Los labradores en
vez de pelo tienen trigo. El otoño pinta las hojas de muchos colores y
es tan educado que las tira a la papelera... Suca no existe en los mapas:
la soñó un niño. Cuando despierte, los sucanianos
dejarán de ser. |