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Iván Prieto: Sal e azucre |
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En una casita de sal al
pie de la montaña vivían una viejecita toda de sal y un viejecito
todo de azúcar. Unos días se querían mucho y otros no
paraban de discutir. Un día tuvieron una discusión terrible y
ella le dijo, amenazándolo con su bastón de sal, que se fuera e
hiciera una casa para él sólo. Él se fue llorando y con
sus manos de azúcar construyó una casita de barro; era muy bonita
mas estaba triste porque echaba en falta a su compañera. Un día
que estaba disgustado le fue a pedir un poco de sal para la sopa, mas ella
enfadada le contestó que la fuera a buscar al hondo del mar. Él
volvió a la casa llorando, pero como no podía llorar mucho para
no derretir sus mejillas de azúcar, le pidió a una nube grande y
gris que llorase por él. Y se puso a llover tanta agua que la casita de
sal empezó a derretirse, por lo que la anciana fue hasta la casa de
él pidiéndole que la dejase entrar, mas él le
recordó que no le había dado ni una arena de sal y la dejó
afuera. Como ella se estaba derritiendo, sintió pena el viejecito y le
abrió la puerta. Entonces se dieron un abrazo grande y se fundieron en
un largo beso dulce-salado. |
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