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Había una vez un ratón de campo que vivía
en el tronco de un árbol. Le gustaba el aire limpio de la mañana,
las estrellas y el maíz de las espigas. Cada noche leía un libro
de viajes preguntándose qué habría más allá
y soñaba con lugares extraños. Así que un día
cogió el libro y se fue a descubrir el mundo. Un ratón de
ciudad vivía en un rincón de una alcantarilla. Le gustaban el
ruido de la gente y las luces de neón. Cada noche leía un libro
de viajes preguntándose qué habría más allá
y soñaba con lugares hermosos. Así que un día cogió
el libro y se fue a descubrir el mundo. Ratón de campo anduvo hasta
que llegó a la montaña. Desde la cumbre pudo ver una ciudad
enorme con casas que llegaban al cielo, ¡como las que había en el
libro. Bajó correndo. Miró las luces y escuchó la
música de la ciudad. ¡Nunca había visto nada
igual! Ratón de ciudad anduvo hasta que llegó a la casa
más alta de la ciudad. Desde el tejado pudo ver un campo enorme como los
del libro. Bajó corriendo para llegar pronto. Observó la belleza
de las estrellas y yó a los grillos cantar. ¡Nunca había
visto nada igual! Ratón de campo buscó comida en la basura
entre miles de ratones y personas con harapos. Pasó el día
asombrado entre el rugir de coches. Le gustaba la ciudad. Pero al cabo de siete
días echaba de menos el campo y no soportaba el agobio de la
ciudad Ratón de ciudad comió unos granos de maíz,
admiró los animales y se subió a un árbol. Pero al cabo de
una semana se sintió aburrido sin nada que hacer en todo el día.
Echaba de menos la ciudad. Ese mismo día los dos recogieron sus cosas
y se volvieron a sus respectivos lugares, pensando: es hermoso viajar, pero
también es hermoso regresar. |