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En
esta adaptación a partir del cuento popular se cuenta que en la aldea de
Poucapalla sus habitantes eran felices y no pasaban hambre. Hasta que un
día un labrador que volvía con el ganado notó un soplido
en la espalda, cayó desmayado y al volver en sí ya no
tenía el ganado. Luego les sucedió a otros más. Así
llegó el miedo y con él el hambre. La gente le echaba la
culpa a la bruja Timotea, que inmobilizaba a la gente con su ojo bizco. No sin
miedo, fueron los hombres a cazarla al bosque, pero no estaba. Le pidieron
ayuda al conde, que se negó a protegerlos con sus soldados. En la plaza,
encotraron a Ulises, que había marchado de Poucapalla a la
búsqueda de aventuras. Dijo que en sus viajes había visto
gigantes como montañas y otras maravillas, pero nunca gente tan miedosa
coma ellos. Supo entonces que el zapatero y el cordelero no vendían nada
y que el barbero les había cortado el pelo a todos. Salió a
buscar al que trae el hambre a la aldea. Y trajo al mismísimo conde.
Cayó en la cuenta de que era el ladrón porque va calzado: ellos,
no; porque tiene barba y cabellos largos: ellos, no. Les daba con un palo y
robaba el ganado. Pidió que no lo matasen: que les devolviese lo robado
y lo pusiesen a trabajar como ellos. Al día siguiente, Ulises se
marchó de nuevo. Se fue a buscar nuevas aventuras. |