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Pequeno Antón vive en un valle, tierra
adentro, y desde la colina contempla a lo lejos el gran mar azul. Le
gustaría tanto llegar junto a él. Por fin, el día de San
Juan, el tío Manuel le invita a pasar unos días con él en
la ciudad. Podrá ir en su barco de pesca.
Preparan todo en el puerto: los marineros repasan las redes en la cubierta y
disponen los utensilios del cerco. Como el mar está agitado, no salen
hasta que se calma un poco, a medianoche. Navegando, el radar indica que
está próximo un banco de sardinas: se colocan sobre él con
las luces encendidas y el barco comienza el cerco; las sardinas, como
encantadas, cegadas por la luz, se dejan atrapar. Toda la tripulación
trabaja en equipo: sueltan las redes, las recogen y colocan las sardinas en las
cajas. Y llegan al puerto, en donde Pequeno Antón ayuda en la descarga.
Luego, el tasador da comienzo a la subasta, hasta que el comprador le manda
parar. Y así acaba la jornada. Pequeno Antón está contento
y los marineros, amigos, se despiden de él con un "hastra
máis ver, proel".
El texto, en letra caligráfica, se completa con pequeños
ejercicios de léxico ilustrados. La curiosa edición, con un
pliego de ocho páginas desplegables (que destacan la gran
ilustración final del puerto y la lonja), concede una importancia
fundamental a la imagen.
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