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Una noche, Rodrigo consiguió dar caza al
sol antes de que se ahogase en el mar más allá de Fisterra y vio
(o tal vez soñó) los pájaros de mil y un colores. En
un avión construído con cartones reciclados llegó a
Caibarén, la isla de las crestas y los lagos de mil colores en donde
vivían felices los pájaros cai-barén, que estaban cansados
de tanto color y deseando viajar a otras tierras. Navegando en una
cáscara de huevo o volando en aviones de papel (los únicos que
vuelan casi tan alto como la imaginación) se vinieron con Rodrigo hasta
su país. En él se hicieron amigos de unas pajaritas que llevaban
escritas en el lomo noticias y conocieron lugares con los colores anublados por
el humo oscuro de las chemineas y extraños túneles de metro, en
donde los colores buscan refugio en las paredes. Pero lo que más les
gustó fue la habitación de Rodrigo, con los osos de peluche que
solamente el niño y ellos podían oír y sus libros de
cuentos. Por eso algunos no quisieron regresar a su isla y se quedaron
entre las páginas de un libro, "de onde só a túa
imaxinación pode facelos saír algunha noite". Álbum de
gran formato con un excepcional trabajo de ilustración seleccionado en
la Muestra Internacional de Boloña y premiado por la UNESCO en
Tokio. |