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Paco era un joven que pasaba los días silbando y sin
hacer nada, hasta que un día su madre le dijo que fuera a buscar trabajo
y no volviera a casa sin una paga. Y allá fue él. El lunes fue
a una sastrería, en donde cosió hasta romper la aguja. El sastre
lo echó fuera pagándole una moneda, que él puso a rodar
ponerlo camino abajo. Al llegar a casa, la madre discutió con él
por no haberla guardado en el bolsillo. Para otra vez, ya lo haría, le
dijo él. El martes regó en la casa de unos labradores hasta
que el agua le llegó a las orejas. El labrador lo echó fuera
dándole un pote de miel, que él metió en el bolsillo, por
lo que al llegar a la casa no llevaba nada. La madre le chilló que
tenía que haberlo llevado en la cabeza. El miércoles estuvo en
una taberna fregando hasta no dejar vaso entero. El tabernero lo mandó
marchar y le dio una pieza de mantequilla, que le llevó el viento antes
de aparecer en casa, en donde su madre le chilló por no haberlo envuelto
en un paño y traerlo al fresco. El jueves fue a cepillar los caballos
en una granja hasta dejarlos flacos como pajas de centeno. Entonces la granjera
lo echó fuera con una docena de huevos, que fue agitando camino de casa
para refrescarlos. Pero como habían ido peleando por el camino, la madre
le chilló por no haberlos llevado en una cesta con cuidado. El
viernes serró en una carpintería hasta partir la mesa de por
medio. Como pago, recibió un gato, que metió en una cesta y
desapareció antes de llegar junto a su madre, que le chilló por
no haberlo atado y traído detrás. El sábado
amasó en una panadería hasta que la masa fermentó y se
derramó. La panadera lo echó dándole un saco de harina,
que él ató con una cuerda y llevó a rastras. Al llegar a
casa ya no quedaba ninguna pues la habían roído los ratones, por
lo que la madre le chilló que lo había debido traer a
cuestas. El domingo, cavó un agujero junto para el enterrador y tanto
cavó que le dio un burro para que pudiera volver al día
siguiente. Como cargó con él a la espalda, la hija empezó
a reír y, aunque era muda, rompió a hablar. Entonces el padre,
agradecido, le dijo que quedara a vivir con ellos y eso hizo: vivió
feliz muchos años con la hija del enterrador. Adaptación a
partir de un cuento tradicional judío editada en formato de álbum
con ilustraciones en color a toda página. |