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Cuando sonó el despertador, Luis lo apagó,
dejó salir un pequeño pedo y, sin abrir los ojos, se
volvió a quedar dormido hasta que su madre lo vino a llamar pues ya se
hacía tarde para llegar a la escuela. Sólo entonces caminó
hacia el cuarto de baño, cayó porque el pantalón se le
enredó en los pies, se lavó las manos, la cara, las
legañas de los ojos y los dientes, hizo un pis y una caquita y
desayunó con papá y mamá. Como cada mañana, el
padre le advirtió que tuviese cuidado con los coches de la calle,
cruzase los semáforos en verde y, sobre todo, ¡evitase a los
niños robots, los mayores enemigos de los niños humanos! Aunque
la madre dijo que no era para tanto. Le dieron unos besos los padres y
salió en dirección a la escuela, llevando la cartera con los
libros, la goma de borrar y el bolígrafo. Cuando cambió el
semáforo a verde, había tal follón de gente que tuvo que
venir el robot especializado en reordenar el tráfico. Así,
empujado por la multitud, no pudo evitar el fatal encuentro con el robot.
Cuando sonó el avisador mecánico, el robot de última
generación AX-B10 estiró sus brazos mecánicos, haciendo
las uniones "¡creek!", y se volvió a acostar en el reposador sin
permitir que se encendiera ninguno de sus circuitos, hasta que papá
robot entró y le mandó poner los circuitos en marcha pues ya
llevaba retraso sobre las previsiones establecidas. Se incorporó con un
salto cibernético y corriendo, por lo que casi provocó un
accidente cuando las antenas superiores se le engancharon en los conectores
luminosos del techo, en la sala de posta a punto matinal engrasó los
rodamientos, les dio brillo a las placas metálicas de
identificación, echó el líquido limpicristales sobre los
parabrisas y fluido para desatascar los agujereados alimentadores de
información, liberó una descarga de residuos y enchufó su
cable de alimentación para recargar las baterías de
mantenimiento. Antes de salir, mamá robot le dijo que tuviera cuidado en
la calle con las máquinas automóviles, cruzara el semáforo
en verde y, sobre todo ¡que huyera de los niños, que son los
mayores enemigos de los robots pequeños! Aunque, según el padre,
que la cosa no era para tanto. Le dieron unos besos los padres y salió
para la escuela de pequeñas máquinas inteligentes, llevando su
computadora portátil, su revisador de frecuencia y su llamador celular.
Cuando cambió el semáforo a verde, hubo tal movimiento de gente
que tuvo que venir un guardia para organizar el paso de los coches. Así,
empujado por la multitud, no pudo evitar el peligroso encuentro con el
niño. Pero no pasa nada: a fin de cuentas, un niño y un robot
siempre serán amigos Álbum publicado en una edición
especial con dos comienzos diferentes y un final común en las
páginas centrales del libro. |