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Miguel Vázquez Freire: O neno que tiña medo dos robots / O robot que tiña medo dos nenos
Ilustraciones de José Tomás

Ed. Rodeira. Barcelona, 2007


 O neno que tiña medo dos robots O robot que tiña medo dos nenos

Cuando sonó el despertador, Luis lo apagó, dejó salir un pequeño pedo y, sin abrir los ojos, se volvió a quedar dormido hasta que su madre lo vino a llamar pues ya se hacía tarde para llegar a la escuela. Sólo entonces caminó hacia el cuarto de baño, cayó porque el pantalón se le enredó en los pies, se lavó las manos, la cara, las legañas de los ojos y los dientes, hizo un pis y una caquita y desayunó con papá y mamá. Como cada mañana, el padre le advirtió que tuviese cuidado con los coches de la calle, cruzase los semáforos en verde y, sobre todo, ¡evitase a los niños robots, los mayores enemigos de los niños humanos! Aunque la madre dijo que no era para tanto. Le dieron unos besos los padres y salió en dirección a la escuela, llevando la cartera con los libros, la goma de borrar y el bolígrafo. Cuando cambió el semáforo a verde, había tal follón de gente que tuvo que venir el robot especializado en reordenar el tráfico. Así, empujado por la multitud, no pudo evitar el fatal encuentro con el robot.
Cuando sonó el avisador mecánico, el robot de última generación AX-B10 estiró sus brazos mecánicos, haciendo las uniones "¡creek!", y se volvió a acostar en el reposador sin permitir que se encendiera ninguno de sus circuitos, hasta que papá robot entró y le mandó poner los circuitos en marcha pues ya llevaba retraso sobre las previsiones establecidas. Se incorporó con un salto cibernético y corriendo, por lo que casi provocó un accidente cuando las antenas superiores se le engancharon en los conectores luminosos del techo, en la sala de posta a punto matinal engrasó los rodamientos, les dio brillo a las placas metálicas de identificación, echó el líquido limpicristales sobre los parabrisas y fluido para desatascar los agujereados alimentadores de información, liberó una descarga de residuos y enchufó su cable de alimentación para recargar las baterías de mantenimiento. Antes de salir, mamá robot le dijo que tuviera cuidado en la calle con las máquinas automóviles, cruzara el semáforo en verde y, sobre todo ¡que huyera de los niños, que son los mayores enemigos de los robots pequeños! Aunque, según el padre, que la cosa no era para tanto. Le dieron unos besos los padres y salió para la escuela de pequeñas máquinas inteligentes, llevando su computadora portátil, su revisador de frecuencia y su llamador celular. Cuando cambió el semáforo a verde, hubo tal movimiento de gente que tuvo que venir un guardia para organizar el paso de los coches. Así, empujado por la multitud, no pudo evitar el peligroso encuentro con el niño.
Pero no pasa nada: a fin de cuentas, un niño y un robot siempre serán amigos
Álbum publicado en una edición especial con dos comienzos diferentes y un final común en las páginas centrales del libro.

48 p. - 26x26 cm.                                                      ISBN    978-84-8349-023-5



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