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Breogán pidió en la biblioteca un libro enorme
porque le gustaron los dibujos y la piel de la encuadernación. Trataba
de un hombre ya mayor que de tanto leer libros de caballeros andantes quiso ser
uno de ellos e incluso tomó un vecino de escudero para vivir aventuras,
leyó Breogán hasta que se quedó dormido. Cuando
despertó estaba lejos de su casa vestido con una ropa rara y una espada
de madera. Se encontró a un señor de pelo gris muy delgado y con
armadura montado en un caballo famélico acompañado de otro bajito
a lomos de una burra: Don Quijote y Sancho Panza, que lo aceptaron de aprendiz
de caballero. En el camino vieron unas extrañas siluetas que a Don
Quijote le parecieron gigantes, a los que atacó pese a la advertencia de
Sancho de que eran molinos. Se quedó enganchado en un aspa hasta que
salió disparado al suelo. Pasado el susto, a Breogán le
volvió el sueño y se despertó en su cama a la hora de
cenar. Y le quedaron ganas de buscar nuevas aventuras leyendo aquel libro
mágico. Edición en tapa dura con ilustraciones en color a toda
página. |