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A
Moncho le gustaba mucho dibujar. Pintaba todo: la cama, la nevera, el abuelo.
¡Si incluso un día tuvo su madre que aspirar toda la casa para
lograra encontrarlo entre tanto dibujo! Cuando cumplió ocho
años le regalaron una caja de acuarelas y pasó la tarde dibujando
hasta quedar dormido. Al día siguiente descubrió en uno de los
papeles una mancha negra. ¿Qué podría ser? ¿Un ojo?
¿Un gato? Según los amigos, parecía ser un estropajo, un
trozo de espacio o ... nada. El mecánico, especialista en manchas,
opinó que se debía tratar de una fuga de aceite; una muller vio
en ella el lunar de la calva de su marido. A Moncho ninguna resposta le
convencía. Tampoco era un cerdo, ni una oveja negra... En un prado
había una mancha negra, como la suya, que movía el rabo:
¡Su mancha era una vaca! Hoy es un artista famoso. Para algunos,
sólo hace manchas. Pero él sabe que lo que pinta son vacas.
Las ilustraciones, a toda página y en color, presentan una
concepción visual diferente na que o artista plástico crea
personaxes modelados. |