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Emilio R. Gregorio Fernández: Miúdo e a campaíña dos grilos
Dibujos de Trichi, Ilda, Mina e Alberto García Alonso

Editorial Galaxia. Vigo, 1971

Miúdo...

La voz narradora de un niño que cree que "en cualquier lugar del mundo puede haber un niño que quiere ser tu amigo" cuenta esta sencilla historia cotidiana, como si escribiese una carta a un amigo futuro con esperanza de respuesta.
Comienza presentando a los protagonistas: Turístico, un perro sin una oreja; Pepiño Virafollas, que en la escuela pasaba las hojas sin aprender nada; Miúdo: amo de Turístico que juega con su padre a las cartas en la taberna de Pachín; Marisa, la niña que juega con una muñeca de trapo, Pitula, a la que le estiraron las piernas con pies de maíz cuando cayó en el pozo y ahora no se sostiene de pie; las Anduriñas, pájaros que no paran en ningún sitio; el Vagalume, que es el gusano que no se ve de día; y Paxariña, pajarillo de papel que hace la maestra y no vuela.
Cuenta a continuación que hace mes y medio que falta Turístico porque Pepiño Virafollas lo metió en un camión que iba para Madrid. Por eso Miúdo dejó de hablarle a Pepiño" y recela que no va a volver. Prometió a los amigos que si le aparece el perro les enseñará la campanilla que tocan los grillos en las noches de verano, pues al parecer la dejan en el agujero cuando salen. Empezará a buscar grillos, aunque sin obligarles con pajitas, que necesitan las golondrinas (del pico de una de ellas cayó la luciérnaga Poucoalumeas, que con el golpe se lastimó y solamente alumbra "de mediocuerpo para atrás").
Volvió Turístico, pegándose una gran caminata desde Madrid. Ahora en cuanto ve un camión ladra y enseña los dientes. Pero a Miúdo le está resultado complicado encontrar un grillo, pues ahora solamente salen de noche. Antes, eran de muchísimos colores y los gallos y gallinas los picoteaban y no les dejaban vivir. Un día, un gallo presumido dudó si picar a uno, ya que tenía hambre y no quería manchar el pico, y cuando miró para el suelo, el grillo, gordito y muy viejo, ya había huído. Éste fue el primero que se vistió de negro y comenzó a trabajar y cantar de noche, cuando los enemigos están en el gallinero.
Como Miúdo prometió enseñarles la campanilla de los grillos el día de Reyes, se despide el narrador hasta el próximo verano, anunciando que le enviará al lector una pajarita y le contará cómo resultó lo de la campanilla.

48 p. - 24x17 cm.                                                               D.L.    VG. 38/1971



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