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Lucinda, la vagabunda, tenía una burra, un carromato y
muchas historias que contar. Pero la burra era vieja, el carromato estaba algo
destrozado y los pies de Lucinda ya habían andado mucho mundo, por lo
que decidió instalarse en una casita cerca de la ciudad. Al
principio nadie le hacía caso pues todos andaban apurados, mas cuando
preparó melindres y chocolate con canela e invitó a todo el que
parase un poco, pronto le llegaron visitantes de todas partes. También
apareció el inspector Vinagre, para prohibir que la gente se parase
junto a ella. Pero cada día acudían más: un grupo de
músicos ambulantes, unos pequeños piratas... Entonces el
inspector prohibió tocar y navegar por la acera. Los niños se
disfrazaron de inspectores y pusieron nuevos letreros: "prohibido mandar
narizes", "prohibido pensar con los pies"... En cuanto los vio, se puso furioso
y se fue deshinchando como si perdiese aire. Volvió en sí gracias
al chocolate de Lucinda, vio el nuevo letrero ("Prohibido inspeccionar") y
empezó a bailar con ella. Al día siguiente quitó el
uniforme, volvió al carromato con una bola del mundo y un letrero
antiguo que poñía "Pasatiempo". Lucinda lo saludó como
Capitán Vin. Desde entonces, cada tarde va a merendar chocolate con
canela y melindres dulces como las palabras de Lucinda. |