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Leo era un pequeño león de trapo que le regalaron
una Nochebuena a María. En cuanto lo vio le gustó su cara de
bueno y la melena despeinada. Era tan gracioso que con sólo mirarlo
hacía sonreir, alejaba la tristeza. Perdió interés por los
otros regalos pues él absorbió toda su atención. En todas
las vacaciones no se separó de él, siempre jugadno: le cocinaba,
bailaba con él, etc. Incluso lo acostaba con ella en la cama, y le daba
consejos. Le hablaba, pero él nunca contestaba. Entonces, le
pidió a los Reis Magos que le trajeran la voz a su león. Y
le hicieron caso: al despertar de la Noche de Reyes, el león le
sonrió y le habló bajito. Desde entonces, ya nunca se
separaron. |