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En casa de Laura hay ratones, pues ella escucha
sus carreras nocturnas por el desván desde su cama. Incluso un
día un ratoncillo cruzó veloz por la cocina mientres sus padres
comían y se ocultó detrás de la nevera, en donde no lo
pudieron coger; luego, cruzó la sala y se escondió detrás
del aparador y no pudieron con él ni la zapatilla del padre ni la madre
con la escoba. Le colocaron una ratonera con queso y unas bolas de veneno para
intentar pillarlo. Mas Laura esa noche deshizo las trampas, dejándole el
queso y unos trozos de pan en el centro de la cocina. Por la mañana el
ratoncillo se había comido todo. Ahora la niña sueña con
hacerse amiga suya. ¡Qué bien lo podrían pasar jugando los
dos! Colección para primeros lectores con ilustraciones a todo color
y a toda página en la que el texto se reproduce en letra manuscrita y
también en mayúscula. |