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Cuando una campanada de la Berenguela le indicó a Sara
que era hora de comer, dejó de jugar con los amigos y pasó por la
Praza das Praterías. Allí, Branco de Cores, el caballo que se
alimenta de los sueños de los niños que visitan Compostela, le
guiñó un ojo para que montase a caballo de él. La
llevó a la gran sala del Pazo de Xelmírez, en donde persiste el
olor de la empanada de uno de los personajes de piedra; pasaron junto al bar
Gato Negro, con sus tapas de oreja de cerdo; en la plaza de abastos vieron al
Asesino persiguiendo a un gallo, que quiere preparar con arroz para el
menú de los estudiantes; por la Plaza de Mazarelos entró un carro
de bueyes con toneles de vino para repartir por los bares de Santiago; en la
Carballeira de Santa Susana se celebraba la típica feria y las dos
Marías comían el pulpo cocido por Aurora de Carballiño con
Santa Susana y Rosalía de Castro, que había bajado de su pedestal
para unirse a ellas; vieron salir de la librería Galí al
periodista compostelano autor del libro conocido por su apodo, el Picadillo;
pasaron por la pensión "La casa de la Troya", famosa por su caldo que
revive a un muerto; encontraron al indio Gran Lucky, que se ganaba la vida de
estatua humana en la Plaza del Obradoiro desde que habían cerrado la
cafetería en la que trabajaba. Y volvieron a las Praterías, en
donde la Berenguela repetía la campanada que anunciaba la una de la
tarde. Allí la aguardaba su madre, que la llevó
comer. Álbum que se ambienta en los espacios representativos de la
ciudad. |