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Furibundo era rey de medio mundo. Tenía muy mal genio y como era algo
despistado se olvidó de que antes de cerrar una puerta es conveniente
tener fuera todo el cuerpo: cerró con fuerza la puerta del salón,
antes de que la perna derecha acabase de pasar, aplastando el dedo gordo del
pie derecho. Cuando llevaba un mes en cama, con el dedo hinchado como un
enorme tomate maduro, ordenó que le preparasen una bota para poder
andar: el zapatero real hizo una con un agujero, que se negó a poner,
pues asomaba por él el dedo enrojecido con la uña negra y
brillante. Todos los zapateros del reino propusieron alternativas en vano.
Hasta que un zapatero del reino de Eleuterio, el rey del otro medio mundo, dio
con la solución: una bota con agujero para el dedo hinchado, que le
cubrió con un auténtico balón de fútbol. Aunque al
poner el pie en el suelo le dolía el dedo, como estaba feliz solamente
dejaba salir una pequeña queja. Andaba de un modo muy raro: pisaba
únicamente con el talón del pie derecho, levantaba los dos
hombros hasta las orejas y daba un pequeño salto adelantando el pie
izquierdo. Paseaba por el reino y cada vez más "mandamases" imitaban al
rey en la manera de andar, incluso sin balón de fútbol en la bota
derecha. Y también la gente. No se sabe si el dedo le llegó a
bajar o no, porque siguió llevando la misma bota hasta su muerte. Y por
eso pasó a la historia como "el hombre que inventó una manera de
andar". A todo esto, hubo un caso famoso de un niño que, durante un
banquete real, le pegó una patada muy fuerte a un balón de
fútbol que vio debajo de la mesa. Pero esta es otra historia... El
texto y las ilutraciones se presentan en páginas diferentes y
alternativas. |