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Curiosa recuperación de un pequeño ejercicio de
memoria autobiográfica de este clásico de la literatura gallega
sobre su infancia, hasta el ingreso en el instituto con nueve años, en
un mundo nuevo y desconocido. Cuenta Otero Pedrayo de su condición
de hijo único que alternaba las vivencias, de miedo en ocasiones, en la
cidade natal de Ourense, con la fiesta de la casa rural de Trasalba. Recuerda
personajes curiosos o populares, que muchas veces atendía su padre
médico en la casa de aldea, en medio de un espacio natural que sigue con
armonía el ritmo de las estaciones. Con su amigo y vecino Vicente Risco
compartía juegos y con la miseria de la época o la tensión
social de la guerra de Cuba reflexionaba con temor sobre una sociedade que
será el centro de su inmensa obra intelectual posterior.
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