| Pablo F. Sepúlveda:
A historia infinda Ilustraciones de Pepe Carreiro Col. Contos do Miño. Eds. A Nosa Terra. Vigo, 2005 |
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Hace muchos años, en Viladepazos, una noche de verano
apareció muerto el juez de paz en su casa. La policía no logró
aclarar el caso y concluyó que eran cosas de fantasmas. Desde entonces las
familias que alquilaban la casa morían al poco tiempo y la policía le
echaba siempre la culpa a los fantasmas. La casa cogió fama de maldita y nadie
quiso habitarla durante años, hasta que la alquiló el administrador de
fincas André Teixeira, que no creía en las casas encantadas. Ni se
inmutó cuando descubrió en el trastero el retrato del juez muerto. Mientras
dormía, un fantasma salió del armario a medianoche y le hizo unas marcas en
las manos. La noche siguiente, haciéndose el dormido, pudo verlo. Cuando intentaba
desintegrarlo con un aparato que había construído a partir de una radio, le
habló: era el fantasma del juez de paz, que mataba a los inquilinos porque no
quería que nadie viviese en la que había sido su casa, aunque a él
le perdonaría si se iba a vivir a otro lado. André se fue, a cambio de que
le firmase un contrato de compromiso aceptando convivir pacíficamente con
cualquier inquilino futuro. Años después, olvidada la maldición
luego de que André viviera en ella dos años y saliera vivo, una familia se
instaló en la casa. Murieron todos la primera noche. |
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