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Una noche de luna
llena, Helena hizo una barca con la cama y velas con las sábanas,
convenció a la ventana para que no hiciese ruído al abrirla y
mientras los padres dormían subió a la luna en busca de la
hierbaluna para su oveja de trapo. Porque las ovejas de trapo sólo comen
esta hierba azul que sabe a mar y nueces verdes. Al llegar le preguntó
por ella al jurel (que se coloca en el lado plateado cuando hay luna llena y si
es nueva, en el oscuro): como estaba muy ocupado dando vueltas le
contestó de malos modos. Siguió caminando y encontró al
ratón (que roe la luna llena porque le sabe a queso y en la nueva duerme
la comilona): tampoco le contestó bien pues estaba ajetreado.
Batió luego en el camino con la araña (que teje su tela de un
cuerno la otro de la luna pero cuando esta crece la tela se estira y rompe): le
respondió de malos modos. Encontró después el lobo de la
luna (siempre famélico porque allí no hay conejos ni corderos):
sólo se interesó por la oveja de Helena. Por fin, la gallina
de la luna (picoteando a la búsqueda de granos de trigo y lombrices de
tierra) le dijo en secreto donde hay hierba para su oveja. Y entonces Helena
regresó con un manojo de hierbaluna en la mano izquierda y una lombriz
de la luna en la derecha. Pero esa es otra historia... Edición en
formato álbum con prodigiosas ilustraciones a toda página y en
color. |