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Érase una vez un molinero que al morir dejó de
herencia a sus tres hijos el molino, la mula y el gato. El más joven
tuvo que conformarse con el gato, que poco le podría ayudar a ganarse la
vida. Dispuesto a demostrarle lo contrario, marchó este con saco y
botas. Haciéndose el dormido, cazó un conejo, que le
llevó de regalo al rey en nombre de su amo, el supuesto Marqués
de Carabás; luego, dos perdices. Cuando la comitiva real pasó al
lado del río, el gato ingenió el robo de las ropas del joven y le
consiguió del monarca un traje de los mejores con el que enamoró
a la princesa. Consiguió que los labradores dijesen que sus tierras eran
del marqués. Y engañó al ogro del castillo, loando su
habelidad para convertirse en león y luego en ratón, que el gato
zampó, quedando de este modo con el castillo para su amo. Alí fue
el rey convidado y, luego de beber algún vino, le ofreció a su
hija. Aquella misma tarde se casaron. Y el gato se convirtió en un Gran
Señor, que sólo corría detrás de los ratones para
entretenerse. Adaptación a partir del texto clásico de
Perrault con espléndidas ilustraciones. |