| Antonio
Reigosa: O galo avisado e o raposo
trampulleiro Ilustraciones de Xosé Cobas Col. Merliño. Eds. Xerais. Vigo, 2003 |
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Un día de
verano de mucho calor estaban el gallo Quirico y un rebaño de gallinas
tranquilamente bajo la sombra de un roble cuando vino hacia ellos un zorro.
Todos volaron raudos para ponerse a salvo en las ramas del roble, excepto
Filomena, que tenía una pierna con reuma y un ala rota, por lo que tuvo
que subirla Quirico. Viendo lo mal que le salía el asunto, el zorro, que
dijo llamarse García, habló muy educado diciendo que
podían bajar sin temor del árbol pues una ley nueva
impedía que los animales se comiesen unos a otros. Mas el gallo y las
gallinas, conocedores de como las gastan los zorros para poder comer, pasaban
de él, negándose a bajar para leer el supuesto documento.
Entonces Quirico, al observar que se acercaban dos perros hambrientos, le dijo
al zorro que les enseñase a ellos el documento. Pero huyó con el
rabo entre las piernas, contestando orgulloso: "¡Agora non, que non
teño vagar, que aínda teño moita terra que taconear".
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