|
Raquel vive en una
casa al lado del mar. Puede contemplarlo desde la ventana de su
habitación. Es el espacio de sus juegos y el lugar al que su padre sale
cada noche a faenar para regresar al día siguiente con el barco cargado
de peces. Pero una mañana el mar desapareció, era solamente un
inmenso espacio vacío. Para los pequeños resultó una
novedad fascinante, mas los mayores estaban tristes e inquietos. André,
un viejo marinero, le contó a Raquel que los salmones crecen en los
ríos, vienen a vivir al mar y al hacerse adultos acaban regresando al
río en el que nacieron. Esa noche Raquel pensó en su cama que a
lo mejor el mar, como los salmones, retornaba al territorio en el había
nacido. Con este pensamiento se quedó dormida. Al despertar,
¡el mar había vuelto! Raquel sintió entonces una profunda
alegría, la misma que sentimos cuando regresa a nuestro lado la persoa
que un día se marchó y tanto queremos. |