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Los habitantes de Hamelín eran felices porque
había comida para todos. Hasta que un día llegó una plaga
de millones de ratones que comenzaron a destrozar cuanto encontraban a su paso.
Y nadie conocía la solución para exterminarlos. Un forastero
alto y flaco, vestido de rojo con sombrero verde y flauta, pidió cien
monedas de oro por librarlos de los roedores. El alcalde le ofreció
doscientas si lo conseguía. Tocando una melodía extraña y
armoniosa, hizo que todos los ratones lo siguiesen hipnotizados,
metiéndose en el río, en donde ahogaron y fueron arrastrados por
la caudalosa corriente. El alcalde entonces consideró que su trabajo
sólo valía veinte monedas de oro. Por lo que al día
siguiente, sintiéndose burlado, tocó en la plaza una
melodía tan mágica que los niños salieron de las casas en
silencio y fueron tras él como hipnotizados. Así fue como las
casas de Hamelín quedaron sin niños. Y cuentan los más
viejos de aquellas tierras que jamás ninguno de ellos volvió a
Hamelín. Esta adaptación del cuento popular se presenta con
una muy atractiva concepción visual con imágenes
modeladas. |