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En Medrapouco, en el ayuntamiento de Medranada,
hay una escuela única en el mundo. Está en una casa antigua
toda destartalada con agujeros grandes como cestos, que cuando llueve se llenan
de agua. Los niños hacen regatas en ellos con sus barcos de nueces
vacías. En el fondo hay una charca grande como una laguna: cuando se
seca, no se da recuperado lo que en ella cayó, bien sea un paraguas o
una bota. En las paredes de piedra entre el moho y el musgo componen hermosos y
variados dibujos; en la del fondo, está un viejo armario que nadie se
atreve a abrir por si se deshace. La maestra, Lola, anda con varias capas
de jerseys y camisas para protegerse del frío. El sapo Sisapo atiende a
sus explicaciones en silencio hasta la primavera: entonces canta alegre y se
marcha de paseo. El ratón Rosendo, tan limpio él, también
va a la escuela y se pone a roer todo cuanto pilla, sea merienda o bota.
Clodomiro, el Barómetro, anuncia el tiempo que vaa venir gracias a sus
sensibles orejas, que orienta en el aire; cuando presiente agua, cambian las
mesas para que no llueva en ellas. Un día el armario se
derrumbó, saliendo de él una especie de bombón, del que
luego nació un castaño. Creció tanto en las vacaciones de
verano que al comenzar un nuevo curso había arrancado el edificio de la
escuela, que estaba en sus ramas como un nido. Subían a ella por una
escalera, que cada vez debía ser mayor pues como el árbol
crecía cada día quedaba máis alta. Y aunque consiguieron
dinero ganando un concurso de dibujo, los niños no quisieron una nueva
escuela. Le hicieron un ascensor a ésta. No existe otra igual en
todo el mundo. ¡Ni en Japón! |