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Un demonio, Don Gaifar Somonte, o Trocado,
tenía un tesoro que día a día disminuía, por lo que
se le ocurrión buscar a alguien que le ayudase a vigilarlo. Y se
echó a andar los caminos del mundo.
Al llegar a una aldea, oyó que una mujer le gritaba a un gallo por
robarle comida a las gallinas: ¡condenado, doute ao demo! Trocado,
considerando que sería un buen despertador, aceptó el regalo,
pero tuvo que dejarlo cuando las gallinas avisaron al ama, que lo
ahuyentó a palos. Encontró luego a un niño que
maldecía a un perro que le había comido su merienda. Pero, cuando
el demonio se iba a quedar con él, se le enfrentaron los dous y
allí lo dejó. Apareció después en el camino un cura
a caballo. Como el animal se paró junto a Don Gaifar, el abad lo
increpó (¡o demo te leve!). Le sería útil para correr
detrás de los ladrones, mas como también le era útil al
cura este no le permitió llevarlo.
Y regresó Trocado a su casa lamentándose ante sus padres de que
no había conseguido su propósito porque la gente siempre se
volvía atrás de su palabra. A lo que ellos le contestaron que la
enfermedad de los tesoros es ir a menos con el paso del tiempo. Entonces
cayó en la cuenta de que no había sido los ladrones y que
él sólo se bastaba para guardar el tesoro.
Versión de un cuento tradicional ilustrada con dibujos infantiles y
collages fotográficos.
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