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Hasta siete cartas, un aviso, otro telegrama y
recetas de cocina componen este conjunto de textos amables en clave de
juego. Milio, cocinero en un colegio de ciudad le escribe a su hermana,
Mara, que sigue en la aldea cuidando los animales y el huerto, sobre las cosas
que le pasan en su nueva vida (y como le gustan al cartero Raúl,
también a éste le escribe): de la niña a la que no le
gustan sus croquetas desde que jugó en la playa a que era una croqueta
empanada de arena; de cuando unos alumnos le echaron sal en el café al
profesor gruñón de gimnasia; de una niña que siempre
comía con los dedos y gracias a unos polvos de colores sobre el huevo
frito paró de hacerlo; de la bibliotecaria del colegio, preocupada
porque a los niños les gusta comer mientras leen los libros y dejan
sabores o manchas en ellos; o de Visilín, el payaso del Gran Circo de
Moscú que se deshincha cuando llora. Y también historias
fantásticas: del rey con tres hijas que desterró a la
pequeña porque le dijo que lo quería como el pote a la sal y
cuando comió sin sal comprendió el valor del cariño de la
princesa; de cuando los humanos les robaron la música a los perros, que
desde entonces ladran, tristes, a la luna llena (la perra Cuca que ladra tan
bien como un cantante de ópera es una buena prueba de la verdad del
cuento). Además, incluye recetas para postres: pipas con chocolate;
muñequitos de nieve con chocolate blanco y negro; plátano
aplastado. Y el remedio de una taza de leche de cabra y nueces contra el duende
Caligón, el que hace que rompamos las piernas. Mara, a su vez, le
cuenta a Milio del mejillón que para conocer mundo se dejó caer
al mar, pero las olas lo trajeron de nuevo a la playa; para consolarlo, el
caracol Gumersindo lo invita a cenar por medio del dragón Paco, el que
escribe poemas de amor a la luna. Raúl le refiere a Milio una de
miedo: de la rusa Natasha que se quedó sin ojos por culpa del Home de
Area, del desierto; pero al que ya se le acabó el poder. Acaba el
libro con la futura visita de Raúl y Mara a la ciudad, por donde cuentan
que anda el Vampiro dos Canellóns, que hace que la gente sueñe
cosas bonitas y no quiera despertar más para seguir soñando
feliz. Y una última carta anónima a Raquel, la profe de
matemáticas algo bruja: es del Vampiro, que le pide que lo invite a
cenar, pues así le dará un mordisco en el pescuezo y la
llevará soñando a un viaje fabuloso. |