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Contos pra nenos Laureano Prieto: Contos pra nenos
Ilustraciones de Virxilio - Cubiertas de Trichi

Editorial Galaxia. Vigo, 1968

"A filla do rei" era tan hermosa como soberbia y para casarse les puso dos condiciones a los pretendientes: resolver una adivinanza y enfrentarse a un lobo. Sólo consiguió cumplirlas un príncipe, disfrazado de pobre y feo. Aterrada por tener que casarse con él, la princesa huyó, pero él la encontró en el monte y solamente después de hacerla trabajar hasta bajarle los humos se le reveló como el hijo del rey más rico de todos los reyes. Entonces se casaron y ella fue una reina buena con los pobres.
"A raposa i o sapo": se narra cómo el sapo retó a la zorra a que llegaba antes que ella a la cumbre de la colina. Ganó él, enganchándose al rabo de la zorra, que tuvo que cazarle una merienda de moscas.
"Pedro Cortizoilo": trata de un hombre que un día les preguntó a sus tres hijas cuánto lo querían; por la vida, dijo una; por el corazón, otra; por el sabor de todos los sabores, contestó la más joven. Como le pareció poca cosa esta afirmación de cariño, la echó de casa. Haciéndose pasar por hombre, consiguió trabajo en una casa, en donde por llevar ropa de "cortiza" la conocían como Pedro Cortizoilo. Cuando el hijo del amo la sorprendió vestida de mujer quiso casarse con ella. Invitaron al padre a la boda, dándole la comida sin sal, que no le sabía. Entonces entendió la razón de la hija y, cuando ella se dio a conocer, la abrazó, arrepentido.
"Matalobos" tenía una escopeta de siete tiros de la que presumía cantando que con ella mataba a siete lobos. Al oírselo, la zorra corrió a contarle al lobo que el hombre presumía de ser más fuerte que él, por lo que este le pidió que lo llevase junto a tal ser. Por el camino encontraron un niño: será hombre con el tiempo, le aclaró la zorra. Luego, un anciano: ya lo ha sido. Entonces vino Matalobos, y a él se echó el lobo: sus tiros le dieron en la puntita del rabo, de la oreja izquierda, de la derecha, en un diente, en otro diente, en la puntita de la nariz. Sólo con este último retrocedió junto a la zorra, alegando que el hombre es más fuerte de lo que pensaba, pues sólo con escupir ya le llevara de cada vez un trozo de cuerpo.
"A cocha i o lobo": estando junto a un riachuelo una cerda con sus crías, llegó el lobo dispuesto a comerlos uno detrás de otro. La cerda se mostró de acuerdo, aunque le pidió que le dejase bautizarlos antes mandándolos por el auga hasta la rueda del molino, en donde el lobo ya los podía comer según fuesen bajando: él hartaría el estómago y ella cumplía con la conciencia. Pero el agua movía tanto la rueda que él no daba bajado. Hasta que de tantas vueltas cayó contra una pared del molino quedando todavía más atontado. Se marchó renqueante como un borracho. Le dolía tanto la cabeza que deseaba la muerte e iba diciendo "¿quen me matará?". Entonces, un hombre que lo vio venir le dio con el hacha tan bien, en medio de la frente, que cayó redondo.
"Os dous ratos": cuenta la historia de Rillaxamós, ratón que vivía en una bodega en la que comía cuanto quería, que un día de invierno encontró a otro hambriento, Roiebullós, invitándolo a instalarse en su bodega, en donde pudo comer hasta hartarse. Al amanecer apareció el gato, que cuando Rillaxamós se puso a jugar con él porque era muy torpe, lo zampó. Entonces Roiebullós huyó reflexionando: "Máis me quero no souto fraco / que gordo na barriga do gato".
"Graumillo": érase un matrimonio al que le faltaba un hijo para completar su felicidad. La mujer le pidió uno a San Antoniño, que se lo concedió: listo como un ajo y tan pequerrecho que, aunque de nombre Toniño, la gente empezó a llamarle Graumillo. Valiente y trabajador, un día que su padre, para que los bueyes no comiesen las coles, lo depositó en una, lo tragó el buey Roxo. Desde la barriga de este, avisó a su padre, quien mató al animal para liberarlo, con tan mala suerte que el niño se marchó río abajo en la escama de una tripa, que comió la zorra. Salió valiéndose de su pequeña navaja y, como era de noche, se refugió en el agujero de un grillo, desde donde le habló a su padre. Unos ladrones, que estaban cerca, al oírle escaparon asustados, abandonando el dinero. Lo cogieron ellos y desde entonces vivieron felices.
Adaptaciones de cuentos tradicionales que incorporan un vocabulario con las palabras menos conocidas por el lectorado infantil.

60 p. - 24x17 cm.                                                               D.L.    VG. 1/1968



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