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En esta edición institucional con motivo
de la VII Campaña de Fomento da Lectura se publican cuatro contos
originales de reconocidos autores gallegos de literatura infantil-juvenil:
El poeta Manuel María cuenta la "Historia do bigote dun gato que
se chamaba Mimí". Fiz, un niño de siete u ocho años,
tenía un gato precioso y buen cazador, Mimí, que no
permitía que ningún ratón se pansease por la casa, pues
rápidamente daba buena cuenta de él. Hasta que se le
ocurrió, después de ver a su padre afeitarse en la
barbería de Manuel de Paderna, afeitarle el bigote. Entonces centenares
de ratones aprovecharon para burlarse de su enemigo. Menos mal que el propio
Manuel de Paderna le devolvió unos bigotes enormes y hermosos. Desde ese
momento, solamente con mirar para ellos Mimí, los ratones caían
muertos al momento. Bernardino Graña en "Papi Patón
obedece a Pomba" pone en la voz de una joven, Pomba, lo que le sucedió
el sábado en que fue con sus padres a ver el mar, aunque ella
prefería ir al estanque de los patos. El coche no quería
encenderse hasta que obedeció a Pomba y se puso en movimiento. Por eso
también su padre luego le h&zo caso a la hija y la llevó al
estanque. Gloria Sánchez García relata la historia de
"Amado, señor dos paxaros", uno de los cinco hijos del rey Raimundo,
señor del mundo, quien antes de morir repartió la herencia,
dejando a cada uno de sus hijos un cofre (de la seda, de las simientes de
trigo, del agua y de la piedra, según sus inclinaciones) y un planeta.
Al menor, Amado, que tenía el corazón más grande de toda
la galaxia, le dejó una bolsa con tres panes de trigo. Los otros
intentaron utilizar los cofres para hacerse ricos, acabando encerrados en su
propia avaricia. El pequeño no dudó en darle sus panes a un
pajarillo hambriento y fue llevado por miles de pajarillos a la Tierra, planeta
solitario y triste, al que consoló con un manto de seda, pan, agua y
casa de piedra que obtuvo de los cofres de sus hermanos. Desde entonces, Amado
desapareció pero sus pájaros alegran nuestros corazones cada
primavera. Ana María Fernández García cuenta en
"As gafas de Venmeler" que Adriana es una niña que todavía no
sabe leer y quisiera saber para que su padre, que es poeta, la dejase entrar en
su desván, en donde escribe, y perderse jugando entre los montones de
misteriosos papeles. El hombre del quiosco verde del parque le vendió un
día unas gafas chinas, las de Venmeler, que según las
instrucciones permiten ver las cosas que no vemos con nuestros propios ojos
sobre todo en los desvanes. Con ellas, una noche fue capaz de leer una
adivinanza, acertando la solución: cometa. Entonces el cometa Feixucas
la llevó al planeta Poeta, en donde conoció a todos los
personajes de los cuentos y poesías; luego, al Jardín de los
Escritores, en el que también estaba su padre, que acababa de dedicarle
una poesía; finalmente, los trajo a los dos de regreso a casa. Desde
entonces, nunca más volvió a estar cerrada para ella la puerta
del desván. |