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Silvia Pazos Hermida: O conto dos silencios
Ilustraciones de Rodrigo Pazos Blanco

Col. Xiz de Cor, 5. Ed. Baía. A Coruña, 2005

O contos dos silencios

La Ciudad de las Quintas es una villa redonda como un disco. Todas las calles confluyen en la Plaza Mayor, en donde está el Ayuntamiento y la alcaldesa Harmonía. Los más ancianos dicen que gobierna desde siempre: la gente dice que es una diosa, de quien ya hablaban los libros de hace más de 2.000 años. Las calles tienen cuatro carriles y en lugar de coches hay notas circulando por ellas. Los habitantes, los quintiáns, son todos músicos, aunque también trabajan en oficios normales. Sonríen a menudo porque cuando están preocupados suelen cantar o escuchar música.
Un día ocurrió algo extraordinario: nació un niño sordo. Todos lo ignoraban y él crecía convencido de que era invisible, pues nadie le hablaba. Era Luv, que pasaba las horas paseando la ciudad, viendo circular las notas. Hasta que día miró para él, por primera vez, Harmonía. Se sorprendió mucho, sintió que no era invisible y huyó avergonzado. Desde ese día, la alcaldesa empezó a enfermar. Los quintiáns ya no sonreían y empezaron a echarle la culpa a Luv del mal de Harmonía. El niño se escondia entre las notas, andaba por las sombras, siempre de noche. La ciudad se tornó desagradable. Las notas lo ocupaban todo, el volumen de la música no permitía que la gente se escuchase y los quintiáns pasaban el día entero tocando, y muy mal. Una noche pusieron las radios tan altas que no podían dormir y salieron a las calles a buscar a Luv. Lo encontraron chupándole los fluídos a una corchea, pues había cogido la fatal costumbre de sorberles el jugo a las notas. Cuando lo iban a aprehender, Harmonía se murió. Entonces la música empezó a sonar tan estridente que se taparon los oídos para proteger sus tímpanos a punto de reventar. Luv notó que la música que había comido le molestaba en el estómago y la tuvo que vomitar, pero en realidad le salió un cuadradito negro en torno al cual sólo había silencio.
Los quintiáns sintieron por primera vez la ausencia de sonido y les gustó. Luv había creado un nuevo elemento para la música, que tenía además de notas y compases también pausas y silencios. Entonces reconstruyeron la ciudad, limpiando las notas que sobraban e inventando otras melodías. En ellas colocaba Luv sus cuadritos negros, en donde las notas se detenían. Todo sonaba mejor, con una curiosa nueva belleza.
Un día llegó a la ciudad una mujer que también se llamaba Harmonía, más hermosa que la anterior. Todos la reconocieron como la nueva alcaldesa. Y ya nadie sintió morriña de la antigua ciudad pues los quintiáns sonreían continuamente. Incluído Luv.

36 p. - 21x21 cm.                                                            ISBN    84-96526-20-8



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