|
La
Ciudad de las Quintas es una villa redonda como un disco. Todas las calles
confluyen en la Plaza Mayor, en donde está el Ayuntamiento y la
alcaldesa Harmonía. Los más ancianos dicen que gobierna desde
siempre: la gente dice que es una diosa, de quien ya hablaban los libros de
hace más de 2.000 años. Las calles tienen cuatro carriles y en
lugar de coches hay notas circulando por ellas. Los habitantes, los
quintiáns, son todos músicos, aunque también trabajan en
oficios normales. Sonríen a menudo porque cuando están
preocupados suelen cantar o escuchar música. Un día
ocurrió algo extraordinario: nació un niño sordo. Todos lo
ignoraban y él crecía convencido de que era invisible, pues nadie
le hablaba. Era Luv, que pasaba las horas paseando la ciudad, viendo circular
las notas. Hasta que día miró para él, por primera vez,
Harmonía. Se sorprendió mucho, sintió que no era invisible
y huyó avergonzado. Desde ese día, la alcaldesa empezó a
enfermar. Los quintiáns ya no sonreían y empezaron a echarle la
culpa a Luv del mal de Harmonía. El niño se escondia entre las
notas, andaba por las sombras, siempre de noche. La ciudad se tornó
desagradable. Las notas lo ocupaban todo, el volumen de la música no
permitía que la gente se escuchase y los quintiáns pasaban el
día entero tocando, y muy mal. Una noche pusieron las radios tan altas
que no podían dormir y salieron a las calles a buscar a Luv. Lo
encontraron chupándole los fluídos a una corchea, pues
había cogido la fatal costumbre de sorberles el jugo a las notas. Cuando
lo iban a aprehender, Harmonía se murió. Entonces la
música empezó a sonar tan estridente que se taparon los
oídos para proteger sus tímpanos a punto de reventar. Luv
notó que la música que había comido le molestaba en el
estómago y la tuvo que vomitar, pero en realidad le salió un
cuadradito negro en torno al cual sólo había silencio. Los
quintiáns sintieron por primera vez la ausencia de sonido y les
gustó. Luv había creado un nuevo elemento para la música,
que tenía además de notas y compases también pausas y
silencios. Entonces reconstruyeron la ciudad, limpiando las notas que sobraban
e inventando otras melodías. En ellas colocaba Luv sus cuadritos negros,
en donde las notas se detenían. Todo sonaba mejor, con una curiosa nueva
belleza. Un día llegó a la ciudad una mujer que
también se llamaba Harmonía, más hermosa que la anterior.
Todos la reconocieron como la nueva alcaldesa. Y ya nadie sintió
morriña de la antigua ciudad pues los quintiáns sonreían
continuamente. Incluído Luv. |