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Llegaron las
vacaciones de verano. Uxía y su padre marcharon como siempre para la
aldea. A la niña le producía tristeza la idea. El padre, el
profesor Viraventos, se encerraba en su laboratorio científico
soñando con descubrir algo grandioso. Mientras, Uxía se encargaba
de las gallinas, aburrida y muy sola. Pero esta vez ocurrió algo
insólito: en un despiste, las gallinas entraron en el laboratorio del
padre. Al día siguiente, en el gallinero aparecieron unos huevos
enormes, como los de Pascua, de muchos colores, aunque sin chocolate.
¡Las pócimas secretas del profesor habían provocado que las
gallinas pusieran unos huevos surrealistas!. El lunes rompió el primero
y salió de él una pequeña gallina roja que hacía
enormes burbujas de jabón. El martes, otra que se puso a tocar el
violín y tuvo a los dos bailando toda la tarde. La del miércoles
salió dando brincos e hizo equilibrios en el tendedero de la ropa y
malabarismo. El jueves, una artista con pico en forma de lápiz con el
que empezó a pintar las paredes de la casa. La del viernes
transportó a Uxía por los aires y le enseñó el
pueblo desde arriba. Fue el mejor verano de Uxía. Por fin el
profesor había hecho un descubrimiento importante: unas gallinas muy
locas y divertidas, que encerraron en un enorme gallinero para que los
niños pudiesen conocerlas. |