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En el pueblo de Choio los hombres eran libres y
felices pues por orden de su rey Talento estaba prohibido el dinero. Labradores
y marineros intercambiaban los frutos de su trabajo y no existía la
codicia ni la envidia al no tener nadie más dinero que los
demás.
Un día apareció un hombre elegante que empezó a repartir
onzas de oro: era el Capital. Sintiéndose ricos, todos dejaron de
trabajar y empezaron a pasar hambre. Non tardó el hombre en volver y
venderles de todo hasta que se les acabaron los cuartos. Entonces les
mandó trabajar para poder comprar: pasaran a ser esclavos del
dinero.
Talento les dio la solución: convertir el intruso en estatua de ouro
dándole a beber un zumo especial. Así se libraron para siempre
del Capital y retornó la justicia y la felicidad.
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