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Alba vive en una pequeña casa de madera
sobre una enorme duna que tiene en su final un faro. Vive con el gato Bicos.
Pesca en el mar y cada día se sienta en la arena para ver lo que traen
las olas, que según el día de la semana son de colores distintos
y pueden venir con duendes, fideos, estrellas de mar, lápices, naranjas
de los mares de Sinbad o despertadores de las ciudades. Un día sobre
una ola desconocida que parecía de algodón y sardinas
apareció una niña. Se llamaba Alma y dijo no tener casa ni
padres. La avisó de que al día siguiente llegaría una ola
negra llena murciélagos y anémonas que cubriría toda la
duna. Escaparon caminando toda la noche por la playa interminable hasta el
refugio del faro. Un relámpago largo como el cuello de una jirafa
abrió paso a una intensa lluvia amarilla. Desde el faro vieron como una
fiera ola negra, asquerosa, inundó toda la playa. Una vez que se hubo
retirado regresaron a la casita verde. La playa estaba llena de basura:
arañas, cepillos de dientes, pieles de plátano... Y la casa de
Alba parecía un yogur de frutas del bosque, con las paredes de algas,
lapas y anémonas. Entonces Alma se marchó. En su despedida,
pronunció en alto tres palabras mágicas: matagalpa, malembe,
sonsolí. Y desapareció en el mar. Espléndida
edición con un muy atractivo trabajo de creatividad
fotográfica. |