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Carpametacarpadeduna
tiene más letras que las arenas de una duna y cinco hijitos: uno
delgadito, otro luce un anillo dorado, el del medio es un gigante, el siguiente
indica caminos en el cielo y el último es gordocho. Tenían, como
la madre, unos nombres hipersuperplenos que un día también
amanecieron pequeños: Carpa, Firfi, Purpu, Marma, Reme y Gorgo. Una
vez fueron de aventuras al País de las Pinturas, en donde había
cinco casitas de un pintor, con un tejado de cada color. Fifi entró en
la casa azul, pequeña, en donde vio un mar con barcos navegando. Purpu
en la del tejado blanco hizo un muñeco de nieve. Marma escogió la
de verdes tejas y, enamorado, jugó en un prado con flores al sí y
al no. Reme comió pepitas de un lindo girasol en la del tejado amarillo.
Gorgo, en la de rojo, cabalgó en un palafrén por un hermoso
ruibén trazando poesías. Después, al verse cada uno de su
color, se rieron mucho y marcharon contentos a comer unha pizza.
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