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Había una vez tres hermanos que pasaban el día
saltando de un lado para otro. Su madre les decía que no fuesen al
bosque pues en él vivía una bruja con dientes de hierro que come
los niños y con los huesos hace el muro que rodea la casa. Un día
al hermano mayor se le ocurrió ir porque no le tenía miedo a las
brujas, el mediano dijo bueno y el pequeño, como le llamaron caguetas,
dijo que iba también. Se adentraron en el bosque enorme y oscuro y
empezaron a sentir miedo en la noche. Pero no sabían como volver a casa.
Desde un árbol, el pequeño descubrió la luz de una casa en
la lejanía. Allá fueron. Les abrió una vieja, que les
dio la cena. Mas el pequeño desconfiaba de ella, no era capaz de dormir
y con la luz de la luna vio el muro de huesos de niños pequeños.
Cuando la bruja entró en el cuarto y lo encontró despierto,
él le dijo que no dormía porque antes la madre siempre le da un
huevo frito. Ella le fue por uno. Al cabo de un rato, seguía igual. Esta
vez, porque por las noches a madre también le da higos pasos, que ella
le trae; después, porque le falta el agua del pozo en una criba.
Allá se la fue a buscar la bruja, dejando el jabón, un pecho y un
cuchillo, sus objetos mágicos, en la cocina. Él despertó
los hermanos, cogieron los objetos y escaparon de la bruja; ella los
persiguió rechinando los dientes de hierro, pero sin ser capaz de
pillarlos porque le tiraron el jabón, que se convirtió en una
montaña de espuma; luego, el peine, que se clavó en el suelo
convirtiéndose en una fila de árboles; finalmente, el
pequeño le lanzó el cuchillo, que cayó delante de ella
abriendo un boquete imposible de saltar. Ellos no pararon de correr hasta que
salieron del bosque. Ella se volvió para casa y allí se
quedó para siempre jamás.. Álbum con
espléndidas ilustraciones en color a toda página. |