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Un
viejo muy viejo y una vieja muy vieja que soñaban con tener un
bebé hicieron una niña de palo, pero era demasiado dura; un
niño de trapo, demasiado blando; otro de harina, que los ratones
royeron. Pensaron entonces en encargar uno ya hecho. Escribieron la carta a los
Reis Magos, mensajes a las cigüeñas, tiraron monedas en el pozo de
los deseos... y nada. El viejo, cansado, le dijo a la vieja que si
quería tener un niño iba a tener que sacarlo de la
barriga. Una tarde que ella estaba sola en la casa envolvió un gato
en una manta, lo metió en la cama y cuando él llegó le
dijo que había parido un bebé .... con bigotes!!!!! Se
alegró el hombre, pero le extrañó que fuese tan peludo;
ella le explicó que le había hecho una chaquetita para que no
tuviese frío; que tenía rabo porque el hombre era mayor para
espantarle las moscas; y que necesitaba tales dientes porque ella no
podía darle la teta y tendría que comer queso duro. El viejo,
feliz, lo llevó de paseo. Pero en cuanto salieron de casa, el gato
pegó un brinco y desapareció. Y volvió triste: vamos tan
viejos que no tenemos fuerza para criar hijos. Ella lo consoló: pues
menos mal que nació listo y ya marchó por el mundo
adelante. Desde entonces vivieron felices cuidando uno del otro. Y nunca
más volvieron a pensar en tener un bebé. Álbum con
ilustraciones muy expresivas para esta adaptación de un cuento
tradicional de Mongolia. |