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Estando el abuelo en el huerto, una tarde de primavera, un
coche anunció una fiesta para esa noche en el Campo da Feria. Le propuso
a su mujer que fuesen, a lo que ella contestó que ya no era una joven.
Cogió una margarita caída en la hierba y se lo pidió
nuevamente. Comienza entonces una retahíla acumulativa, mientras
ella se prepara y él la insta a que apure, en la que el abuelo contesta
cada intervención minusvalorativa de su mujer. Así: cuando ella
dice que es fea como una gallina sin plumas, él responde que es hermosa
como el o sol; pinta los ojos tristes como la noche sin luna / como las
estrellas de la noche; también las pestañas cortas como las patas
de una mosca / como la hierba recién segada; se da crema en la piel
arrugada como el higo pasado / como las nueces de una tarta, y brillo a los
labios secos coma la tierra de los caminos / como la arena del desierto;
tiñe el pelo ceninzo como un nubarrón / como una nube de verano;
pone una falda para las piernas delgadas como la aguja de calcetar / como alas
de golondrina. Y se marcharon al baile. Allí, sin parar de bailar,
la abuela recogió para él una margarita del suelo y le dijo
mirándolo a los ojos: ¡Manuel, eres tan guapo como la luna!
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