 |
A Zip, la aspiradora,
le cambió la vida cuando llegó K-38, último modelo en
aspiradoras robóticas que aspirofregaba, aspirocosía,
aspiroguisaba y aspirohacía incluso deliciosas tartas de chocolate. A
ella la encerraron en el desván, sin permitirle hacer nada. Para
recuperar su prestigio, intentó tender la ropa o atender el
teléfono, pero todo lo aspiraba. ¡Si hasta aspiró el gato!
Fue cuando la arrojaron al vertedero más próximo. Alli
cayó en una profunda desaspiración. Hasta que la
recogió Sabela, una niña muy inquieta, para su taller, en donde
le hizo una aspirotransformación: la pintó de muchos colores, le
puso alas y una hélice. La convirtió en una aspironeta con la
misión de aspirar las nubes negras y llevarlas lejos, pues por su culpa
llovía sin tregua desde hacía dos semanas y los niños y
niñas no podían jugar en la calle. Al verla llegar, las nubes,
asustadas, formaron un nubarrón impresionante, que ella engulló y
desaspiró en un lugar seco y yermo. Allí, descargaron toda su
furia de agua, haciendo brotar de todo: plantas, árboles, cuatro conejos
e incluso un fósil de brontosaurio. Entonces, a Zip le volvió
a cambiar la vida: los medios de comunicación se hicieron eco de la
noticia, convirtiéndose en el aparato de moda. Su éxito fue
total. |