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Cuenta Iria que a
sus quince años, sin poder guardar más tiempo el secreto sobre lo
que le pasó cuando tenía nueve, dejó en la calle este
cuaderno en el que cuenta todo. Este que el lector acaba de encontrar. Todo
comenzó cuando marchó de vacaciones a casa de la abuela dos meses
de verano. Subió un día al desván, buscando restos de la
magia que parece que había poseído la tatarabuela. En un libro de
fábulas de Esopo enconntró un papel, sólo legible por
niños menores de diez años, en el que se dicía que el
anillo mágico, que convertía durante diez minutos a los seres
vivos en el animal que se desease, estaba en la vieja higuera. Pero
había que cumplir otra condición: no compartir el secreto con
nadie. Entonces comenzó Iria a hacer uso de los poderes de su
talismán: convertió la gata en jirafa, la amiga Clara en conejo,
a un compañero burlón en burro y a la profe de matemáticas
en perro. Y la víspera de cumplir diez años culminó su
sueño convirtiéndose en águila, salvo la cabeza, aunque
antes tuvo que transformar a dos gamberros del parque en grillos. Llegó
incluso a sobrevolar el mar y a jugar con dos gaviotas. Después,
escondió el anillo, aunque no puede decir en donde. Puede que
algún lector lo encuentra y pueda pasarlo tan bien coma ella.
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