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Luisa Morandeira: Zalgum
Ilustraciones de Bernardo Carvalho

Col. Q. OQO Editora. Pontevedra, 2007

Zalgum

Hace muchos años, en un país lejano vivía Zalgum, una joven hermosa de largo cabello rubio a la que le gustaba bañarse en la fuente en donde su hermano le daba de beber al caballo. Un día él encontró en el agua un largo y fino cabello y al llegar a la casa les dijo a los padres que se casaría con la dueña. Contenta con la buena noticia, la reina fue de puerta en puerta hasta dar con la dueña del cabello, que resultó ser Zalgum. Cuando él lo supo, dijo que era un hombre de palabra y debía casar con ella o marchar del país. Entonces los padres aceptaron la boda, aterrorizados.
Comenzaron los preparativos de la boda sin decirle la verdad a Zalgum. Le mandaban probar la ropa, alegando que la novia del hermano era de su misma talla. Cuando el ajuar estuvo listo, la madre le dijo que blanquease con arcilla las paredes del cuarto del hermano y luego que moliera trigo; cuando lo estaba haciendo, una golondrina a cambio de arcilla para su nido y después una urraca a cambio de trigo para sus polluelos se ofrecieron a contarle con quien se casaba el hermano, pero ella contestó que no le interesaba. Mas cuando preparaba el cuscús para la fiesta de la boda, una vaca prometió decirle la verdad de la boda si se lo daba para su ternero; intrigada, aceptó y entonces supo que la novia era ella misma, como también le confirmaron la golondrina y la urraca después de darles arcilla y granos.
Zalgum, asustada, se escapó para una cueva, cerrando la entrada con una gran piedra. Cuando una cabra que pastaba por allí se puso a dar cornadas en ella, la amenazó. El pastor oyó la voz y avisó al padre, que fue a pedirle que saliese, mas ella alegando que ya no era su padre sino su suegro, solamente aceptó asomar una mano para que se la besara; lo mismo hizo con la madre. Entonces fue el hermano, quien, cuando ella sacó a mano, se la cortó de un golpe de espada. Zalgum lo maldijo deseando que se le clavara una espina que sólo pudiera arrancar la mano que acababa de cortar. Cuando él lavaba la sangre en la fuente, se le clavó una espina en la rodilla que había hincado en el suelo. Al llegar a casa, tiró la mano al tejado para que la nieve y el sol la secaran y las aves rapaces la comieran. Pasaba el tiempo y ni médicos ni curanderos le daban arrancado la espina, que cada vez se le hundía más con un dolor insoportable.
Enterado el príncipe del país vecino de la existencia de la voz misteriosa, con ayuda de una vieja hechicera consiguió que saliera del refugio y la llevó consigo. Las damas del palacio propusieron tejer una capa para que el príncipe se enterara de que Zalgum no tenía una mano. Pero una urraca rescató la mano del tejado, se la cosió con el hilo de oro que le dio una golondrina y le recuperó la movilidad gracias a las hierbas de la vida que le había traído una vaca. Y como tejió el manto más hermoso, se casó con el príncipe. Cierto día, se presentó disfrazada de mendiga y le arrancó la espina, que nadie había logrado arrancar, al hermano, ya casado. La mujer de este y los vecinos intentaron descubrir su identidad, pero Zalgum huyó, librándose de ellos con monedas de oro y salvado, que les echó a los ojos. Y a la vuelta le contó al príncipe toda su historia, explicándole que había tenido piedad del hermano por lo que sufría.
Desde entonces, Zalgum vivió feliz con los hijos y nunca volvió a ver su hermano. Y la historia siguió su curso, como el río.
Adaptación con ilustraciones a partir de un cuento tradicional bereber de Kabilia.

76 p. - 20x15 cm.                                                         ISBN    978-84-96788-73-2



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