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Xurxiño tiene
seis años. Es un niño alto y fuerte. Le gusta acompañar a
sus padres cuando van de compras. Un día, yendo con la madre a comprar
el pescado, la vendedora le pregunta si sabe qué va a ser de mayor. Como
él le dice que no lo sabe todavía, ella le comenta que
podría ser un bueno marinero. El chaval, al salir, se imagina
siéndolo, pero no le gusta la idea, pues los marineros no se pueden
marear. Algo semejante le ocurre cuando va con el padre a comprar carne. El
carnicero, que le hace la misma pregunta, opina que de mayor podrá
ayudarle a él en la carnicería. Pero Xurxiño no se imagina
con cuchillo y la bata blanca sucia de sangre. Cuando va a la granja
lechera a por los cartones de leche, el encargado lo anima a ordeñar una
vaca. Y como lo hace tan bien le anuncia que será ganadero. Él se
imagina trabajando como tal, llevando el pienso a las vacas,
ordeñándolas y haciendo queso. Hasta que se queda dormido,
cansado pero contento. Cuando se despierta, en el coche de los padres, observa
a un maestro pintor pintando una vaca en pleno campo. Pasados unos
días, les dice a los padres que quiere pintar. Ellos, que están
viendo la tele, ni caso le hacen... hasta que regresa junto a ellos todo
manchado de pintura. Venía de pintar en la pared de la habitación
lo que él decía que eran vacas. Porque Xurxiño ya sabe lo
que quiere ser de mayor: pintor de vacas! |