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Cuando
nació aquel ternero, le pusieron de nombre Serafín. Su rabo era
muy curioso... Pasados unos días se dieron de cuenta de que era hembra y
pasaron a conocerla por Palmira. Se aburría en el establo, por lo que
decidió marcharse a conocer mundo: era una vaca aventurera. Fue a un
mercado, en donde se sorprendieron al verla en libertad. En el parque de
atracciones comió churros, se subió al tiovivo y a una moto.
Causó tanta sensación que incluso le hicieron fotos para una
revista. Tomando café en un bar, vio un circo en la televisión y
decidió que quería ser titiritera famosa. Esto último lo
consiguió, pues salió un reportaje sobre "A vaca artista" en una
revista de la comarca. Como empezaron a pedirle autógrafos, tuvo que ir
a la escuela para aprender a escribir. Compró unas gafas, puso rizos y
mechas en el pelo. Para cuidar el tipo asistió a clases de ballet, que
pronto dejó por demasiado difíciles. Dormía en una tienda
de campaña especial y comenzó a practicar el deporte de la
pesca. Una liebre que huxía de dos cazadores le pidió que la
acogiese en la tienda: ya no estaba sola. Acordaron que se llamaría
Serafín. Compraron una moto con sidecar y se hicieron tan famosas que
incluso venían excursiones de turistas para hacerles fotos. Entonces el
alcalde de Cacharela les concedió una paga mensual nombrándolas
hijas predilectas. Nada les faltaba. Por cierto, ya se puede desvelar el
secreto: en el sitio del rabo... tenía tres, con los que hacía
una trenza con lazo al final. Una amplia propuesta de actividades
didácticas, habitual en la colección, complementa la lectura del
texto. |