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Vicente Risco: Tres contos marabillosos
Ilustraciones de Jacobo Fernández

Col. Árbore, 125. Serie Laranxa
Ed. Galaxia. Vigo, 2004

Tres contos marabillosos

Edición de tres relatos, versiones de cuentos populares, del autor clásico de la literatura gallega, de los que únicamente uno había sido publicado en 1921. Para facilitar la lectura, se normativizaron y se incluyen ilustraciones.
O rei avarento: En una aldea nació un niño con muy buena estrella de quien anunció una adivina que llegaría a ser dueño de una gran fortuna y a casarse con la hija de un rei. Pasó el Rey por allí y enterado se lo llevó, arrojándolo en una cesta río abajo. La corriente lo condujo junto a la familia del molinero, que cuidó de él. Cuando creció, el Rey lo encontró y le mandó presentarse ante la Reina con una carta, en la que ordenaba que matasen a su portador. Perdido en el camino, se refugió en casa de unos ladrones, que cambiaron la carta por otra que decía que el que la llevase se debía de casar con la Princesa. De regreso eo Rey intentó deshacer el matrimonio disponiendo que le trajese tres cabellos del demonio para poder vivir con su hija. Allá fue el joven. En el camino encontró una fuente que daba vino, seca; el árbol de manzanas de oro, seco también; el barquero que cruza el río ancho sin saber si tendría que seguir allí para siempre. A todos les prometió respuestas a su regreso. Llegó a la boca del infierno. En su palacio el ama de llaves del demonio, informada de su causa, lo convirtió en hormiga para que escuchase, en tanto le cataba las pulgas al demonio adormecido y le sacaba tres pelos, las tres respuestas que quería el joven: un sapo impedía que la fuente echase, por culpa de un ratón el árbol no daba manzanas y el barquero debía darle el remo al primero que pasase, que sería su sustituto. Cuando a su regreso se las dijo a los interesados, obtuvo como paga cuatro caballos cargados de oro y plata, que le llevó al Rey. Al enterarse éste de que los había conseguido al otro lado del río allá se fue codicioso, quedando de barquero en castigo de su avaricia y maldad.
O labrego e mais o Rei: Henrique IV, rey de Navarra y Francia, era muy campechano. Cazando cierto día con los grandes señores de Francia se perdió y gracias a un labrador supo regresar. Por el camino le dijo que le gustaría conocer al rey, ignorante de que estaba siendo su guía. Henrique IV le contestó que lo reconocería en el campamento: sería el que no sacase el sombrero. Al llegar junto a los nobles todos se descubrieron con respeto, excepto el rey y el labrador. Cuando el monarca le preguntó quién era entonces el rey, el campesino respondió: "... ou é vostede... ou son eu, porque soamente nós os dous estamos co pucho posto".
A dona encantada: Regresando de la feria un hombre muy bueno encontró en el camino a una joven acostada en el suelo muy cansada. Se ofreció llevarla en su caballo y andando él. Llegaron junto a una roca con puerta, por donde ella lo condujo entre lujos hasta sus padres, que lo atendieron muy bien. Al día siguiente se marchó, llevando las alforjas llenas de oro. En su casa, la mujer le pidió que volviese a por más y él obedeció pero buscando la puerta del mundo de los encantamientos se encontró a un anciano (el padre de la joven que había llevado a caballo), que le explicó que llevara premio su caridad, pero que por su codicia podría venirle castigo. Y nunca más buscó.

51 p. - 20x13 cm.                                                          ISBN    84-8288-691-6



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