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Edición de tres relatos, versiones de
cuentos populares, del autor clásico de la literatura gallega, de los
que únicamente uno había sido publicado en 1921. Para facilitar
la lectura, se normativizaron y se incluyen ilustraciones. O rei
avarento: En una aldea nació un niño con muy buena estrella
de quien anunció una adivina que llegaría a ser dueño de
una gran fortuna y a casarse con la hija de un rei. Pasó el Rey por
allí y enterado se lo llevó, arrojándolo en una cesta
río abajo. La corriente lo condujo junto a la familia del molinero, que
cuidó de él. Cuando creció, el Rey lo encontró y le
mandó presentarse ante la Reina con una carta, en la que ordenaba que
matasen a su portador. Perdido en el camino, se refugió en casa de unos
ladrones, que cambiaron la carta por otra que decía que el que la
llevase se debía de casar con la Princesa. De regreso eo Rey
intentó deshacer el matrimonio disponiendo que le trajese tres cabellos
del demonio para poder vivir con su hija. Allá fue el joven. En el
camino encontró una fuente que daba vino, seca; el árbol de
manzanas de oro, seco también; el barquero que cruza el río ancho
sin saber si tendría que seguir allí para siempre. A todos les
prometió respuestas a su regreso. Llegó a la boca del infierno.
En su palacio el ama de llaves del demonio, informada de su causa, lo
convirtió en hormiga para que escuchase, en tanto le cataba las pulgas
al demonio adormecido y le sacaba tres pelos, las tres respuestas que
quería el joven: un sapo impedía que la fuente echase, por culpa
de un ratón el árbol no daba manzanas y el barquero debía
darle el remo al primero que pasase, que sería su sustituto. Cuando a su
regreso se las dijo a los interesados, obtuvo como paga cuatro caballos
cargados de oro y plata, que le llevó al Rey. Al enterarse éste
de que los había conseguido al otro lado del río allá se
fue codicioso, quedando de barquero en castigo de su avaricia y maldad.
O labrego e mais o Rei: Henrique IV, rey de Navarra y Francia, era muy
campechano. Cazando cierto día con los grandes señores de Francia
se perdió y gracias a un labrador supo regresar. Por el camino le dijo
que le gustaría conocer al rey, ignorante de que estaba siendo su
guía. Henrique IV le contestó que lo reconocería en el
campamento: sería el que no sacase el sombrero. Al llegar junto a los
nobles todos se descubrieron con respeto, excepto el rey y el labrador. Cuando
el monarca le preguntó quién era entonces el rey, el campesino
respondió: "... ou é vostede... ou son eu, porque soamente
nós os dous estamos co pucho posto". A dona encantada:
Regresando de la feria un hombre muy bueno encontró en el camino a una
joven acostada en el suelo muy cansada. Se ofreció llevarla en su
caballo y andando él. Llegaron junto a una roca con puerta, por donde
ella lo condujo entre lujos hasta sus padres, que lo atendieron muy bien. Al
día siguiente se marchó, llevando las alforjas llenas de oro. En
su casa, la mujer le pidió que volviese a por más y él
obedeció pero buscando la puerta del mundo de los encantamientos se
encontró a un anciano (el padre de la joven que había llevado a
caballo), que le explicó que llevara premio su caridad, pero que por su
codicia podría venirle castigo. Y nunca más
buscó. |