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Narra con naturalidad la
voz infantil de Fina, que vive con sus padres en un piso de A Coruña,
sus emotivas experiencia con tita, una asistenta que comenzó a
trabajar con la familia hace muchos años, cuando la madre de la
niña nació. Otros personajes pueblan su mundo: la madre,
Felicitas, con su pequeña tienda de ultramarinos; el padre, que trabaja
en una imprenta; la amiga y vecina Cris; Carme, la vecina desagradable del piso
superior; Leonor, que se ocupa de la limpieza porque tita ya no puede;
la prima de Madrid, que viene de vacaciones y, sobre todo, la compañera
inseparable, la gata Coral. Pequeñas anécdotas llenan su
tiempo: de cuando le pegó a Leonor con la escoba en la cabeza
confundiéndola con un ladrón; el malentendido por la lata de
refresco que le ató a la gata para que no se escapase a la calle; los
cuadernos de recortes de imprenta que le gusta coleccionar que son el
múltiple y festivo regalo que recibe por su cumpleaños; el recelo
para ir a un campamento de verano... Pero tita sigue siendo el centro
de su progresivo descubrimiento del mundo de los adultos, que no comprende ben
ni siquiera en sus palabras. Un día desaparece de casa la anciana y
luego de mucha inquietud sabe que está en una residencia, a la que quiso
trasladarse voluntariamente. Mas, afortunadamente, retorna al edificio: se
instala en el piso superior con su novio, el anciano Matías. Entonces ya
no es la tita: ahora es Sofía, la querida anciana.
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