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Una chica, Xana, narra en primera persona los
cambios que se están produciendo en su vida. Como en el cuento de
Xanciño Papaventos, que le contaba su padre cuando vivía y que
ella le repite a Antía, la hermana pequeña, sueña con
encontrar una piedra mágica en el camino. La familia se
trasladó de barrio, por lo que asiste a un nuevo colegio y conoce a
otras amigas. Paula, a quien le gusta el teatro, la aficiona al arte
dramático y la lleva a los ensayos de su grupo. Aunque no todas las
compañeras son iguales. Ana es una presumida a la que le gusta ser el
centro de atención. Sorprendentemente, invita a Xana a su fiesta de
cumpleaños. Pero la madre no la deja ir. Entonces comprende el drama de
Ofelia desde la visión de Paula (que le había prestado el Hamlet
entre otras obras de teatro): sufre una horrible condena pues no puede vivir su
propia vida. Pero cuando en el aula de Ciencias Naturales la profesora, la
"princesa", pregunta por las características del "ollo de gato" y Xana
es la única que conoce esa piedra, Ana se molesta con ella por ir de
"lista". Paula también sufre los cambios de la edad: de pronto
decide dejar el teatro porque no soporta al director y se mete en una banda de
rock. Además, empieza a pasar de Xana. Y otra amiga, Ánxela, a la
que le gusta un chico que trabaja en una zapatería, con el que intenta
encontrarse hasta que se desengaña porque parece tener novia ya, le
transmíte la necesidad de pintarse para estar guapa. Entonces Xana
comienza a preocuparse por su peso y a pintar los labios y las uñas.
Pero en la fiesta de disfraces en casa de Ánxela su sinceridad contrasta
con la hipocresía de Ana, que se convierte en su enemiga declarada
procurando que las demás pasen de ella. Empieza a pasear sola por el
parque, desengañada con la falsedad de las amigas, refugiándose
en su rincón secreto, como buscando el tesoro. Ya no juega como antes
con la hermana en el parque. Y su madre apenas le hace caso, pues
últimamente hablan poco, precisamente cuando más necesitaba
contarle cosas. Preocupada por las notas de la hija, la castiga porque no son
buenas, sin importarle si está gorda ni que ya no tiene doce
años. La única que la comprende es la profesora de Ciencias
Naturales. Conocedora de sus problemas con la madre y con las
compañeras, le regala con motivo de su cumpleaños un diario para
que escriba en él sus sentimientos. Antía le regala una piedra
que se pone hermosa a la luz del día, que había comprado en la
tienda de antigüedades. Su dueña, una mujer mayor, le explica lo
importante que es no perder a una madre. Entonces descubrió la piedra
mágica, como aquellas de las que su padre le hablaba, que ansiaba para
que le iluminase la salida de su laberinto: la auténtica piedra
mágica es vivir unidas las tres de la familia. |