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Daniel Ameixeiro: A tenda de antigüidades
Ilustraciones de Irene Fra Gálvez

Col. Tucán, 37. Serie Verde
Edebé-Rodeira. Barcelona, 2004

A tenda de antigüidades

Una chica, Xana, narra en primera persona los cambios que se están produciendo en su vida. Como en el cuento de Xanciño Papaventos, que le contaba su padre cuando vivía y que ella le repite a Antía, la hermana pequeña, sueña con encontrar una piedra mágica en el camino.
La familia se trasladó de barrio, por lo que asiste a un nuevo colegio y conoce a otras amigas. Paula, a quien le gusta el teatro, la aficiona al arte dramático y la lleva a los ensayos de su grupo. Aunque no todas las compañeras son iguales. Ana es una presumida a la que le gusta ser el centro de atención. Sorprendentemente, invita a Xana a su fiesta de cumpleaños. Pero la madre no la deja ir. Entonces comprende el drama de Ofelia desde la visión de Paula (que le había prestado el Hamlet entre otras obras de teatro): sufre una horrible condena pues no puede vivir su propia vida. Pero cuando en el aula de Ciencias Naturales la profesora, la "princesa", pregunta por las características del "ollo de gato" y Xana es la única que conoce esa piedra, Ana se molesta con ella por ir de "lista".
Paula también sufre los cambios de la edad: de pronto decide dejar el teatro porque no soporta al director y se mete en una banda de rock. Además, empieza a pasar de Xana. Y otra amiga, Ánxela, a la que le gusta un chico que trabaja en una zapatería, con el que intenta encontrarse hasta que se desengaña porque parece tener novia ya, le transmíte la necesidad de pintarse para estar guapa. Entonces Xana comienza a preocuparse por su peso y a pintar los labios y las uñas. Pero en la fiesta de disfraces en casa de Ánxela su sinceridad contrasta con la hipocresía de Ana, que se convierte en su enemiga declarada procurando que las demás pasen de ella.
Empieza a pasear sola por el parque, desengañada con la falsedad de las amigas, refugiándose en su rincón secreto, como buscando el tesoro. Ya no juega como antes con la hermana en el parque. Y su madre apenas le hace caso, pues últimamente hablan poco, precisamente cuando más necesitaba contarle cosas. Preocupada por las notas de la hija, la castiga porque no son buenas, sin importarle si está gorda ni que ya no tiene doce años.
La única que la comprende es la profesora de Ciencias Naturales. Conocedora de sus problemas con la madre y con las compañeras, le regala con motivo de su cumpleaños un diario para que escriba en él sus sentimientos. Antía le regala una piedra que se pone hermosa a la luz del día, que había comprado en la tienda de antigüedades. Su dueña, una mujer mayor, le explica lo importante que es no perder a una madre. Entonces descubrió la piedra mágica, como aquellas de las que su padre le hablaba, que ansiaba para que le iluminase la salida de su laberinto: la auténtica piedra mágica es vivir unidas las tres de la familia.

181 p. - 17x12 cm.                                                          ISBN    84-96352-04-8



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